
Lotus 23b de paseo por la pista del Loeches Slot Club
Doy por finalizado el Lotus 23B, después de muchas desventuras con él: los ajustes de las ruedas han sido complicadillos, sobre todo del eje delantero, que llevaba neumáticos de ninco f1 rebajados, lo curioso es que no estaban a la misma medida, y me costó darme cuenta de que ésa era la razón por la que el coche pisaba mal (faltico que es uno). Ésa no fue la única desventura acaecida con el coche, lo peor vino cuando le coloqué el paravientos que me había mandado el forero Chilibroste (gracias José Luis) y unos horrorosos pegotes de pegamento aparecieron entre éste y la carrocería. Lo más gracioso es que la curvatura del cristal hacía un gracioso efecto que ampliaba aún más los pegotes de marras, razón por la que se me ocurrió pintar el borde con un rotulador negro.

En buena hora se me ocurrió a mí tan peregrina idea, que ya he tenido en otras ocasiones con desiguales resultados. La cosa quedó aún peor, pero mi profe de maquetas tuvo una idea: cubrirlo todo con una fina banda de cinta aislante, con la que fui dando forma a la curva del parabrisas ¡y quedó bien!

El piloto, al igual que el asiento, es del cajón de sastre, con unos pequeños toques de pintura, sobre una bandeja de cartulina negra. Los faros delanteros los dejé tal y como venían, o sea, uno original y el otro reproducido con pegamento epoxy. No quedaba muy mal, pero se notaba la diferencia entre un faro y el otro, por lo que decidí pintarlos con amarillo transparente en plan gabacho, o más finamente hablando, “Le Mans”. El coche parecía un Majorette de los chungos, así que desmonté los faros, despinté el bueno, quité el de epoxy y puse otro cedido por José Luis. ¡Y hasta aquí hemos llegao!
Horrorosos faros amarillos
Esta tarde he metido el coche en la maleta y me lo he llevado al club, a darle unas vueltas a ver qué tal. Es acojonante ver lo bajísimo y ancho que es para la distancia entre ejes tan corta que tiene. Es muy estable, entra por todos los sitios, a pesar de no estar plomado, y la chicane de la pista la pasa sin inmutarse. Los neumáticos Ninco de F1 están durísimos, pero el coche casi lo agradece, con algunas pequeñas derrapadas en sitios complicados. Total, una auténtica gozada.