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El nido de ametralladoras, la crónica

Es un privilegio asistir a un concierto cercano y personal, solo para unos pocos, pero si ademas es en un lugar espectacular preparado para la ocasión, es un verdadero regalo para las personas que hemos sido invitadas.

Después de una pequeña caminata por un sendero más peligroso de lo que aparentaba, llegamos a ver el alto donde se situaba el nido, más parecido a un pequeño bunker enterrado bajo la arena haciéndolo practicamente invisible. Al acercarnos nos recibieron como es debido, porrón en mano y abrazo festivo. La estética de los componentes de The Wyrm estaba muy cuidada y premeditada. Completamente de negro se mantuvieron pulcros y limpios a pesar de la dificultad que eso supone en medio del campo. Botas y chapas con ciertos motivos se dejaban ver discretamente rematando el “look”, y ayudando a encaminar el evento en cuanto a ideologías se refiere, pero sin caer en tópicos, en pocas palabras, militarmente elegantes.

Llegaron en manadas los asistentes, de 10 que éramos en un principio, fuimos congregados finalmente casi el doble.

La incondicional amistad que nos une hizo el resto, y de tanto hablar, liberamos la tensión y los nervios que siempre hay en los componentes de un grupo antes de un concierto.

Entre charlas ibamos investigando el lugar y haciendo mil fotos. El montículo que cubría dejaba una vista espectacular del aeropuerto y el resto de Madrid, bajo él, la extensión del nido de ametralladoras con los ventanucos donde se apostaban los tiradores, en el otro extremo, la puerta y ventanas del nido. Continuamos investigando el lugar y pudimos ver que The Wyrm había hecho un trabajo espectacular de limpieza y restauración, dejando completamente limpio el lugar y pintando las paredes de blanco.

El nido cuenta con dos estancias claras, el lugar donde se supone, “hacían vida””, un espacio rectangular más grande y al fondo, un oscuro pasillo que llevaba a los ventanucos de disparo. Cuando me adentré en el nido vi todo preparado, velas de varios tamaños en los huecos donde se guardaba la munición, instrumentos preparados, percusion, electronica para lanzar las grabaciones y un sinfin de intrumentos y artefactos sobre una manta en el suelo. Todo estaba preparado y la gente entraba a situarse como buenamente pudiese, el concierto iba a comenzar.

Algo nerviosos y fríos empezaron con percusiones, ritmos de otros mundos que despertaban el odio y la tristeza del lugar, siguieron con intrumentos rituales y sorprendentes sonidos, acompañados siempre de percusiones cíclicas y oscuras, y samples de lamentos y malas noticias, entre otros sonidos electrónicamente malditos y la voz de Luis, narrador amenazante.

 

Una vez calentados, la guitarra y las voces nos hicieron entrar en un momento hipnótico, realmente bueno e irrepetible, mágico. Como una imagen vale más que mil palabras, un video vale más que mil imágenes y si va acompañado de uno de los temas mas trascendental del concierto, mejor. Este video se lo debemos al equipo de grabación y edición.  (Jaime y Wences)


http://www.youtube.com/watch?v=EnlPJPSkaTk&hd=1

El tema de hachas y guadañas fué realmente espectacular, dejando por los suelos cualquier cosa que hayamos visto antes. En ningún momento se aplaudió ni hubo el más minimo ruido por respeto al ritual, lo cual fué un gesto de educación y ofrenda para el grupo y el concierto en general. Al margen de cámaras y puntuales salidas del nido, el público estaba espectante, esperando sorprenderse en cada impredecible tema.

El sol que entraba por las pequeñas ventanas descendía e impedía que los componentes pudieran fijarse en las letras, la luz de las velas se hacía más fuerte y empezaron a improvisar coros esperanzadores, himnos de muerte, miedo y rabia contenida, dando lugar al final del concierto, donde los componentes salieron fuera del nido para ser aclamados y felicitados por el público.

Se comentaron escenas y mejoras, criticas y momentos eufóricos, siempre mirando hacia delante (“para la proxima…”) y, aunque hay un concierto en un bar a la vuelta de la esquina, todos sabemos que no será lo mismo, y nos preguntamos cuánto falta para que The Wyrm nos vuelva a sorprender y regalar otra pequeña joya de lugar y de concierto.

Continuaron los momentos de cháchara y con el anochecer nos fuimos retirando, ayudando al grupo a recoger todo (que siempre es de agradecer porque nunca apetece recoger..) y decidimos acercarnos a un bar de tapas donde pasamos dos horas comentando el concierto, viendo fotos y hablando de futuros proyectos.

Una vez mas, gracias The Wyrm.

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